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martes, 30 de marzo de 2010

Organización de la producción de petróleo en EE.UU.

Las actividades de exploración y producción industrial de petróleo, llamadas  el sector upstream en la jerga petrolera anglosajona, nacieron y se organizaron en tierras de propiedad privada en los Estados Unidos a mediados del siglo XIX. Sobre esta base, se implantó el primer conjunto de normas que gobernaron o rigieron el desarrollo del sector a partir de 1859.



La industria petrolera moderna nació en 1859 en Estados Unidos porque allí, cuando el "Coronel" Drake perforó el pozo que descubrió petróleo en Titusville, al noroeste de Pensilvania, se reunieron cuatro circunstancias que transformaron la antigua actividad artesanal de producción de petróleo (un producto de uso medicinal o impermeabilizante, o un subproducto nocivo de la producción comercial de agua salada) en una gran empresa capitalista. 

Primero: a fines de 1850, ya se conocía la tecnología para destilar petróleo del carbón, producir aceite para alumbrar y desplazar el declinante aceite de ballena. Samuel Kier había inventado y promovido un método para refinar crudo y eliminarle la mayoría de las impurezas, y un quemador mejorado para lámparas que permitía quemar querosén con una llama luminosa y emitir poco humo y olor.

Segundo: Benjamin Silliman Jr., un profesor de la Universidad de Yale, editor del American Journal of Science and Arts (entonces la revista científica más prestigiosa de EE.UU.), publicó en 1855 un análisis químico del petróleo de Pensilvania y emitió un juicio de valor positivo sobre su potencial económico. 

Tercero: George Bisell, abogado y promotor de la ciudad de Nueva York, usó el análisis de Silliman como panfleto para vender a capitalistas acciones de su compañía (la Pennsylvania Rock Oil Company) y financiar la perforación del pozo de Drake.  

Y, cuarto: la actividad atrajo hombres de negocios y ambiciosos hacia el  noroeste de Pensilvania, Estado que "dominó el upstream de la industria durante la mayor parte del siglo XIX" (Sorenson, 2007:10).

El carácter líquido del petróleo y los riesgos asociados con su exploración determinaron que los acuerdos a los que llegaron los primeros actores económicos para explorarlo y explotarlo en tierras privadas estadounidenses durante la segunda mitad del siglo XIX revistieran la forma jurídica de un contrato de arrendamiento de tierras y no de un contrato de compraventa de ellas. 

Por eso, el upstream de la industria y su desarrollo nacieron y estuvieron gobernados durante cierto período por un conjunto de reglas formadas casi exclusivamente al calor de  las negociaciones y tratos entre actores económicos privados: el propietario de la tierra y el empresario petrolero o un intermediario. 

El Estado intervino sólo de manera secundaria en la consolidación y, en algunos casos, creación de estas normas, cuando se entablaron demandas entre particulares sobre asuntos litigiosos y los tribunales emitieron sus sentencias correspondientes. Pero muchos de estos fallos fueron de cumplimiento obligatorio por todos los actores, porque en el derecho  común anglosajón, o common law, las sentencias de los tribunales, o jurisprudencia, son muchas veces determinantes para crear verdaderas normas jurídicas.

El lugar en el que aflora el petróleo, cuando lo hace, es un indicio geológico básico de su existencia en el subsuelo. Los primeros hombres que se aventuraron a perforar pozos para buscar agua salada o petróleo, lo hicieron al azar, infundidos de individualismo y optimismo porque habían detectado escapes superficiales. "Durante los primeros cincuenta años del crecimiento de la industria petrolera, rara vez se efectuaron taladros exploratorios basados en un principio científico..." (The Institute of Petroleum, 1963: 6). 

Pero el sitio donde aflora el petróleo no coincide siempre con la ubicación definitiva del yacimiento, porque el hidrocarburo se filtra desde las llamadas rocas productoras, o rocas madres, a través de los "huecos" o poros de las rocas y "viaja", a veces en distancias considerables, tanto vertical como lateralmente, hasta ser "entrampado" en las llamadas rocas recipientes que evitan su escape. Este proceso es conocido técnicamente como migración de hidrocarburos. Los perforadores lo comprendieron pronto. Se dieron cuenta que el carácter migratorio del hidrocarburo conllevaba riesgos para su empresa: perforar pozos secos y perder cantidades importantes de capital y trabajo. "En aquellos días el promedio de éxitos suponía uno de cada veinte,..." (ídem). Y los riesgos aumentaban con la profundidad de la perforación.

Estas razones disuadieron a la mayoría de los propietarios privados de tierras en Pensilvania a interesarse en la actividad de exploracion. Prefirieron delegar esa tarea en los emprendedores petroleros. Pero las mismas razones llevaron a estos emprendedores a optar por el arrendamiento de tierras o de derechos mineros sobre el subsuelo antes que por su compra. Una razón adicional justificaba esta decisión: el negocio de las empresas petroleras se encontraba (y se encuentra) en el subsuelo, no en el suelo, ni mucho menos en la acumulación de propiedades de tierras. Tal como observó justamente un jurista canadiense que se interesó por el estudio de este tema en Norteamérica: "el enfoque del arrendamiento es el que mejor se adapta a las necesidades de ambas partes" (Ballem, 2008: 5).

En la historia del derecho petrolero estadounidense se acepta como un hecho incontrovertible que el primer contrato de arrendamiento de tierras para explorar y producir petróleo en ese país fue el suscrito el 4 de julio de 1853 entre J. D. Angiers, del vecindario de Cherry Tree en el Condado de Venango, Estado de Pensilvania, y Brewer, Watson y Compañía. (Moses, 1951, citado en Burney, 1999).

En él se encuentra contenido el embrión del primer conjunto de reglas que terminarían por regular el upstream de la industria petrolera en los Estados Unidos en su fase inicial: a) Suscripción de un contrato de arrendamiento de tierra entre dos agentes económicos privados: el propietario de la tierra y el arrendatario, correspondiente en general a una empresa petrolera; b) compromiso del arrendatario de excavar pozos para buscar petróleo en las tierras que le habían sido arrendadas; c) compromiso del arrendatario de hacer las inversiones necesarias para perforar los pozos y mantenerlos en producción. En caso de éxito, el monto de la inversión se deducía de los ingresos obtenidos por la venta del recurso, y el saldo favorable se dividía por mitad entre ambos agentes, en una proporción del 50-50 (fifty-fifty) para cada uno de ellos. Finalmente, d) el contrato tenía un plazo determinado, cinco años en el caso del contrato Angiers-Brewer, contados a partir de la fecha de su firma.

Sin embargo, un conjunto de reglas tan incipientes como esas, escritas antes del nacimiento de la industria, sería sometido por la acción de los actores a experimentar múltiples y sucesivas modificaciones hasta lograr otro conjunto de reglas estables que les permitieran organizar el upstream en el largo plazo.

Por ejemplo, cuatro años más tarde, en 1857, se pactó el contrato de arrendamiento que terminó por dar origen a la industria petrolera moderna, en 1859. En ese contrato, suscrito entre la Pennsylvania Rock Oil Company, como propietaria de la tierra, y Bondicht y Drake, como arrendatarios, se mantuvieron algunas de las reglas de juego enumeradas en el párrafo precedente.

Pero la propietaria de la tierra consiguió  que los arrendatarios ampliaran el contenido de sus compromisos: a) se obligaron a perforar, excavar, buscar y obtener petróleo, agua salada, carbón y cualquier otro material existente en y sobre los 105 acres de tierra arrendada (equivalentes a 42,5 hectáreas, aproximadamente); tomarlos, sacarlos y venderlos; y b) aceptaron también condiciones para dar por terminado el contrato: si no trabajaban la propiedad en "un período no razonable" (an unreasonable lenght of time) o si dejaban de pagar la renta por más de 60 días. A cambio, los arrendatarios obtuvieron un plazo más extenso: 30 años, dividido en dos, uno inicial de 15 años y otro adicional de 15 años más; y obtuvieron también una disminución de la renta, pues ésta se pactó en un octavo (1/8) de "todo el petróleo que se recogiera" (of all oil as collected).
Luego del descubrimiento de petróleo en Pensilvania, ese estado fue literalmente invadido por una miríada de personas que se apresuraron a firmar inumerables contratos de arrendamiento y a perforar pozos en los terrenos adyacentes al arrendado por Drake. "A finales de 1860, en Pensilvania se habían perforado 240 pozos en total y, de ellos, 201 eran productores" (Dudley, 1993: 4). Este fenómeno se repitió después en otros estados donde también se descubrieron hidrocarburos, como Ohio, Virginia Occidental, California, Luisiana y Texas.

En la negociación de los contratos intervino activamente un actor singular, de reciente aparición en el desarrollo de la industria: la persona que asumió la tarea de negociar para las empresas petroleras el arrendamiento de tierras (el llamado landman en inglés). Este "hombre de tierras", devenido profesional, se encargó con el mayor de los sigilos de localizar escapes superficiales de petróleo, informar a las empresas, hallar a los propietarios privados de los terrenos, verificar sus títulos de propiedad en el registro inmobiliario y negociar con ellos, generalmente al más bajo coste posible para las empresas, las cláusulas de los contratos individuales de arrendamiento.

Fue, por tanto, un actor determinante en la elaboración del conjunto de reglas, algunas de ellas con carácter estándar, que terminaron por regular el upstream de la industria petrolera en los Estados Unidos en el largo plazo.  Algunas de estas  reglas se incorporaron como conjunto de clásulas de un nuevo contrato, de uso común y corriente, llamado "productores 88" (Producers 88 form), que evolucionó, incluso en su forma, desde un contrato genérico de arrendamiento de tierras hasta un contrato específico  de arrendamiento de petróleo y gas (oil and gas lease), denominación con la que pasó a conocerse ampliamente en la industria y en la literatura petrolera estadounidense desde fines del siglo XIX e inicios del XX hasta nuestros días.

1 comentario:

  1. Está agradable el blog, claro que es académico pero un post con un lenguaje más coloquial haría maravillas en interesar a las personas en el tema petrolero.

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